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Soberana Orden Militar Española de los  Caballeros Templarios
SALADINO
Saladino Ir a la navegaciónIr a la búsqueda Ṣalāḥ ad-Dīn Yūsuf ibn Ayyūb صلاح الدين يوسف بن أيوب Portrait of Saladin (before A.D. 1185; short).jpg Ilustración de Saladino por Ismail al-Jazari (antes de 1185). Sultán de Egipto y Siria 1174-4 de marzo de 1193 Predecesor Al-Adid (en Egipto) As-Salih Ismail al-Malik (en Siria) Sucesor Al-Aziz Utman (en Egipto) Al-Afdal (en Siria) Información personal Nombre de nacimiento يُوسُف بن أيوب بن شاذي بن مروان بن يعقوب الدُويني التكريتي Ver y modificar los datos en Wikidata Nombre en árabe صلاح الدين الأيوبي Ver y modificar los datos en Wikidata Nacimiento 1138 Ver y modificar los datos en Wikidata Tikrit (Irak) Ver y modificar los datos en Wikidata Fallecimiento 4 de marzo de 1193jul. Ver y modificar los datos en Wikidata Damasco (Imperio romano) Ver y modificar los datos en Wikidata Causa de la muerte Enfermedad infecciosa Ver y modificar los datos en Wikidata Sepultura Mezquita de los Omeyas Ver y modificar los datos en Wikidata Religión Islam Ver y modificar los datos en Wikidata Familia Familia nobiliaria Dinastía ayubí Ver y modificar los datos en Wikidata Padres Najm ad-Din Ayyub Ver y modificar los datos en Wikidata Sitt al-Mulk Khatun Ver y modificar los datos en Wikidata Cónyuge Ismat ad-Din Khatun Ver y modificar los datos en Wikidata Hijos Al-Aziz Uthman Ver y modificar los datos en Wikidata Información profesional Ocupación Militar Ver y modificar los datos en Wikidata Conflictos  Invasión cruzada de Egipto, Batalla de Montgisard, Sitio del Kerak,  batalla de Marjayoun, Batalla del Vado de Jacob, batalla de Belvoir, batalla de  Afula, Batalla de Seforia, Batalla de los Cuernos de Hattin, Sitio de Jerusalén  (1187 d.C.), Sitio de Tiro, Sitio de Acre, Batalla de Arsuf, Batalla de Jafa y batalla  de los Cuernos de Hama Ver y modificar los datos en Wikidata  Título  Sultán de Egipto y Siria  [ Al-Nāsir Ṣalāḥ ad-Dīn Yūsuf ibn Ayyūb (en kurdo, Selahedînê Eyûbî; en árabe,  صلاح الدين يوسف بن أيوب), más conocido en Occidente como Saladino,  Saladín, Salahadín o Saladine (1138, Tikrit (Irak)-4 de marzo de 1193,  Damasco),1​ fue uno de los grandes gobernantes del mundo islámico, siendo  sultán de Egipto y Siria e incluyendo en sus dominios Palestina, Mesopotamia,  Yemen, Hiyaz y Libia.2​ Con él comenzó la dinastía ayubí, que gobernaría Egipto  y Siria tras su muerte.  Defensor del islam y particularmente de la ortodoxia religiosa representada por  el sunismo, unificó política y religiosamente el Oriente Próximo al combatir y  liderar la lucha contra los cristianos cruzados y acabar con doctrinas alejadas  del culto oficial musulmán que representaba el Califato abasí. Es  particularmente conocido por haber vencido en la batalla de Hattin a los  cruzados, tras lo cual volvió a ocupar Jerusalén para los musulmanes y se tomó  Tierra Santa. El impacto de este acontecimiento en Occidente provocó la  Tercera Cruzada liderada por Ricardo I de Inglaterra que se convirtió en mítica  tanto para cristianos como para musulmanes.  Su fama trascendió lo temporal y se convirtió en un símbolo de caballerosidad  medieval, incluso para sus enemigos. Sigue siendo una figura muy admirada en  la cultura árabe, kurda y religión musulmana. 
Infancia y juventud  Nació en 1138 en Tikrit, (en la provincia actualmente llamada Salah ad Din en su honor, en Irak), donde su padre Ayyub, era  gobernador. Su familia era kurda, originaria de Dvin en la Armenia Medieval.3​4​ Como muchos kurdos en aquella época, eran  soldados al servicio de los gobernantes sirios y mesopotámicos.5​ Tras caer en desgracia y ser expulsados en 1139, su padre Najm ad-Din Ayyub y su tío Asad al-Din Shirkuh, se pusieron al  servicio de Zengi, señor de Mosul y Alepo, que había unido bajo su mando la zona norte de Siria e Irak. Fue el primero de los  grandes líderes musulmanes que trató de expulsar a los cruzados de Oriente Próximo, logrando arrebatarles el Condado de  Edesa. La familia de Saladino se unió pues a su ejército, siendo su padre recompensado con el gobierno de Baalbek. En  aquella época los cristianos lanzarían la Segunda Cruzada, que fracasaría.  La muerte violenta en 1146 del caudillo Zengi desató guerra civil en Siria por la sucesión. La familia de Saladino se pondría  de parte del heredero designado, el hijo menor de Zengi, Nur al-Din. Cuando tras diversas luchas este se impuso, los  parientes de Saladino fueron recompensados: su padre recibió el gobierno de Damasco, y su tío Shirkuh, el mando del  ejército.  La información sobre su infancia es escasa. Saladino escribió «los niños son criados en la forma en que lo fueron sus  mayores». Según su biógrafo, al-Wahrani, podía contestar preguntas sobre Euclides, el Almagesto, aritmética, derecho y  otras materias académicas de su tiempo, pero se trata de un ideal y fue el estudio del Corán y la teología lo que lo acercaban  más a sus contemporáneos.6​ Muchas fuentes afirman que sus estudios fueron más próximos a la ley islámica y el Corán,  propios de un cadí, que propicios a la milicia.7​ Se cree que la toma de Jerusalén por los cruzados en la Primera Cruzada,  gran suceso social de la época, le pudo influir moralmente.7​ También se le reputa un gran conocimiento en genealogías,  biografías e historias de los árabes, así como de los linajes de caballos árabes. Saladino sabía el Hamasah de Abu Tammam  de memoria.6​ La carrera militar de Saladino comenzó bajo su tío Shirkuh, general de Nur al-Din, que le tomó a su cargo. 
Lucha con los cristianos  Batalla de Montgisard  Tras dejar las montañas de al-Nusayri, Saladino regresó a Damasco y licenció a sus tropas sirias. Dejó a su hermano Turan  Shah al cargo de Siria y marchó a Egipto con su corte personal, alcanzando El Cairo el 22 de septiembre. Tras dos años  ausente, tenía mucho que supervisar en el país del Nilo, particularmente obras y proyectos que había dejado en El Cairo.  Reparó y amplió las murallas de la ciudad y comenzó la construcción de la Ciudadela de El Cairo.67​ También ordenó construir  el pozo de 85 metros Bir Yusuf. Su mayor obra pública fuera de la ciudad fue un gran puente en Guiza, que pretendía facilitar la  defensa contra invasiones moras.68​ Saladino permaneció en El Cairo supervisando su gobierno y construyendo la Madrasa de los Hacedores de Espadas. En  noviembre de 1177, lanzó una razzia sobre Palestina. Los cruzados habían penetrado en el territorio de Damasco y Saladino  tomó la tregua como algo que ya no tenía valor preservar. Los cristianos enviaron una gran porción de su ejército para sitiar  Harem, en la ruta desde la cristiana Antioquía a Alepo, descuidando su frontera sur.68​ Saladino creyó que la ocasión estaba  madura y marchó contra Ascalón, a la que llamó la «novia de Siria». Guillermo de Tiro registra que el ejército ayubí constaba de  18 000 esclavos negros del Sudán y 8 000 soldados de élite turcomanos y kurdos. El ejército asoló la campiña, saqueó Ramla y  Lod y llegó a las puertas de Jerusalén.69​ Saladino permitió al rey Balduino entrar en Ascalón con los Caballeros Templarios de Gaza sin tomar precauciones contra un  ataque sorpresa. Aunque los cruzados apenas tenían 375 caballeros, Saladino dudó en emboscarles ante la presencia de  tropas veteranas y oficiales expertos. El 25 de noviembre de 1177, con el grueso de su ejército ausente, Saladino y sus tropas  se vieron sorprendidos en Tell Jezer, cerca de Ramala. Antes de que pudieran formar en orden de batalla, los templarios  rompieron sus líneas. Saladino trató inicialmente de organizar a sus hombres, pero ante la muerte de su guardia vio inevitable  la derrota y con las pocas tropas que le quedaban montó un camello hasta Egipto. En las crónicas cristianas es conocida como  la batalla de Montgisard.70​ Sin desanimarse por su derrota en Tell Jezer, Saladino se preparó para luchar con los cruzados otra vez. En la primavera de  1178, acampaba bajo los muros de Homs mientras tenían lugar escaramuzas entre sus generales y los cruzados. Sus tropas en  Hama ganaron una batalla y le trajeron los despojos del enemigo, con muchos prisioneros a Saladino, que ordenó su  decapitación para «lavar de basura las tierras de los Creyentes». Pasó el resto del año en Siria, sin luchar con sus enemigos.71​  Los espías de Saladino le informaron de que los cruzados planeaban una expedición en Siria. El sultán ordenó a su general  Farrukh-Shah, patrullar la frontera de Damasco con mil soldados en espera de un ataque para retirarse sin presentar batalla y  avisar con antorchas en las colinas para que Saladino marchara. En abril de 1179, los cruzados dirigidos por Balduino, que no  esperaba resistencia a su ataque sorpresa al este de los Altos del Golán, iniciaron la expedición. Avanzaron demasiado aprisa  en persecución de Farrukh-Shah, que concentraba a sus tropas al sudeste de Quneitra, y se vieron derrotados por los ayubís  en la conocida como batalla de Maryayún. Con la victoria, Saladino trajo refuerzos y solicitó mil quinientos jinetes a su hermano  al-Adil en Egipto.72​ En el verano de 1179, Balduino había construido un puesto avanzado en el camino a Damasco y pretendía fortificar un paso a  través del río Jordán, conocido como el vado de Jacob, que controlaba el acceso a la llanura de Banias, dividida entre  musulmanes y cristianos. Saladino ofreció cien mil piezas de oro a Balduino a cambio de abandonar el proyecto,  particularmente ofensivo por ser un lugar santo para los musulmanes, pero no hubo trato. Así resolvió destruir la fortaleza y  movió sus cuarteles a Banias. Como los cruzados se apresuraron a atacar sus fuerzas, perdieron la formación. Tras un éxito  inicial, persiguieron al enemigo hasta perder cualquier orden y fueron arrollados por las tropas de Saladino. Esta batalla del  Vado de Jacobo y la toma de la fortaleza el 30 de agosto de 1179 fue una victoria clave para Saladino.73​  En la primavera de 1180, mientras Saladino estaba en las proximidades de Safad, esperando comenzar una nueva campaña,  Balduino envió mensajeros con propuestas de paz. Tras sequías y malas cosechas, andaba escaso de provisiones y aceptó.  Raimundo III de Trípoli se opuso a la tregua, pero una incursión en sus tierras y la visión de la flota de Saladino en Tartus le  convencieron.74​ Caudillo del islam  Diplomacia en tiempos de paz  Saladino aseguró la protección de la rutas de las caravanas que viajaban a tierras distante.  En junio de 1180, Saladino recibió a Nur al-Din Muhammad, emir ortúquida de Keyfa en Geuk Su, regalándole a él y su  hermano Abu Bakr regalos por valor de cien mil dinares de acuerdo a Imad al-Din. Trataba así de asentar una alianza con dicha  dinastía e impresionar a otros emires de Mesopotamia y Anatolia. También se ofreció a mediar entre él y Kilij Arslan II, sultán  selyúcida del Rum, que reclamaba las tierras que dio como dote por su hija que se había quejado por el trato recibido de su  esposo. Nur al-Din le pidió ayuda a Saladino, pero Arslan no le aceptó como mediador.75​  Tras la reunión con Nur al-Din, el más poderoso de los señores selyúcidas, Ikhtiyar al-Din al-Hasan, obtuvo la sumisión de  Arslan, lo que forzó un acuerdo. Saladino recibió poco después un mensaje de Arslan quejándose de más abusos a su hija,  enfureciéndose. La respuesta de Saladino fue amenazar con atacar Malatya, a dos días de marcha, sin bajarse del caballo  hasta entrar en la ciudad. Asustados por el ultimátum, los turcos negociaron. Saladino sentía que Arslan obraba bien al  preocuparse por su hija, pero no podía abandonar a un vasallo que le había pedido protección y traicionarle. El acuerdo final  daba a la mujer un año fuera del hogar de su marido y el compromiso de Saladino de abandonar a Nur al-Din si este incumplía  el trato.75​ Dejando a Farrukh-Shah al cargo de Siria, Saladino regresó a El Cairo a comienzos de 1181. Según Abu-Shama, pretendía  pasar el ayuno de Ramadán en Egipto y luego realizar la peregrinación a La Meca (hajj). Por motivos desconocidos cambió de  opinión y se sabe que inspeccionó personalmente las riberas del Nilo en junio. Se enfrentó a los beduinos, que fueron  desposeídos de dos tercios de sus tierras con las que recompensó a los campesinos de El Fayum cuyas propiedades había  confiscado. Los beduinos fueron acusados de comerciar con los cruzados, su grano confiscado y forzados a asentarse más al  oeste. La flota egipcia también se enfrentó a los piratas beduinos en el lago Tanis.76​  En el verano de 1181, el eunuco y administrador de Saladino Karakush dirigió el arresto de Majd al-Din —antiguo lugarteniente  del hermano de Saladino Turan-Shah en Zabid (Yemen)— mientras entretenía a sus expensas a Imad al-Din en El Cairo. Los  cercanos a Saladino le acusaban de malversación de los beneficios de Zabid, pero Saladino en persona dijo que no había  pruebas. Reconoció el error y liberó a Majd al-Din a cambio de una indemnización de 80 000 dinares y otras sumas a los  hermanos de Saladino al-Adil y Taj al-Muluk Bari. Se trata de uno de varios episodios en la controvertida marcha de Turan-Shah  de Yemen. Aunque los lugartenientes de éste continuaban enviándole beneficios de la provincia, faltaba liderazgo y estallaban  luchas entre los Izz al-Din Uthman de Adén y Hittan de Zabid. Saladino escribió en una carta a al-Adil:  Yemen es una casa del tesoro... lo conquistamos, pero hasta este día no hemos tenido beneficios ni ventajas del mismo. Sólo  ha habido innumerables gastos, envíos de nuestras tropas... y expectativas que no fueron satisfechas al final.  77​ Conquista de Mesopotamia  El principal príncipe zénguida, Saif al-Din, murió en junio de ese año sucediéndole su hermano Izz al-Din en Mosul.78​ El 4 de  diciembre, el hijo de Nur al-Din y cabeza teórica de la familia as-Salih moría tras haber hecho a sus oficiales jurar lealtad a Izz  al-Din, en un intento de crear un poder zénguida que pudiera compensar a Saladino. Izz al-Din fue bienvenido en Alepo, pero  las expectativas de su gobierno como líder de la dinastía le sobrepasaron y cambió Alepo por Sinjar a su hermano Imad al-Din  Zangi. Saladino no prestó oposición alguna en respeto a los tratados de paz con la familia.79​  El 11 de mayo de 1182, Saladino con la mitad de su ejército y numerosos no combatientes marchó de El Cairo a Siria. En la  noche anterior a su marcha, se sentó con el tutor de uno de sus hijos que citó un verso: «disfruta del perfume de la planta de  ojo de buey de Nechd, tras esta tarde no vendrá». Saladino vio en ello un presagio malvado y nunca vio de nuevo Egipto.78​  Sabiendo que las fuerzas cruzadas se congregaban para interceptarlo, cruzó el desierto de la península del Sinaí hasta Eilat y  el Golfo de Aqaba. Sin encontrar oposición, saqueó la campiña de Montreal, mientras las fuerzas de Balduino vigilaban sin  intervenir.80​ Llegó a Damasco en junio para descubrir que Farrukh-Shah había atacado Galilea, saqueando Daburiyya y  tomando Habis Jaldek, fortaleza de gran importancia. En julio, Saladino le encomendó atacar Kawkab al-Hawa, donde libró la  batalla del Castillo Belvoir, que resultó en un empate. Más tarde, en agosto, se lanzó un ataque terrestre y marítimo sobre Beirut  para el que construyó 30 galeras, que estaba a punto de fracasar cuando Saladino se retiró para enfocar la ocasión que se  planteaba en Mesopotamia.81​ Kukbary, que gobernaba en Harrán invitó a Saladino a ocupar la región de Yazira, en el norte de Mesopotamia. Saladino aceptó  y dio por finalizada la tregua con los zénguidas en septiembre de 1182.82​ Antes de su marcha a Jazira habían estallado luchas  intestinas entre los zénguidas, muchos de los cuales no querían reconocer primacía alguna a Mosul.83​ Antes de cruzar el río  Éufrates Saladino sitió durante tres días Alepo, declarando así el final de la tregua.82​  Una vez alcanzada Bira, en la ribera de dicho río, se le unieron Kukbary y Nur al-Din; sus fuerzas combinadas tomaron primero  Edesa, luego Saruj y luego Raqqa. Raqqa era una importante encrucijada de caminos defendida por Qutb al-Din Inal, que había  perdido Manjib frente a Saladino en 1176 y ante el enorme ejército de Saladino, se rindió a cambio de conservar sus  propiedades. Saladino impresionó a los habitantes de la ciudad al publicar un decreto que eliminaba varios impuestos y los  tachaba de los registros porque «los más miserables regentes son aquellos que están gordos mientras su gente está delgada».  De Raqqa se movió conquistando sucesivamente al-Fudain, al-Husain, Maksim, Durain, Araban y Khabur, que le juraron  lealtad.84​ Sus conquistas siguieron por Karkesiya y Nusaybin.82​ Saladino tomó Nusyabin sin encontrar resistencia. De tamaño  mediano, no era muy importante, pero tenía una posición estratégica entre Mardin y Mosul y estaba cerca de Amid  (Diyarbakır).85​ En el medio de estas conquistas, Saladino fue informado de que los cruzados saqueaban las aldeas de la comarca de  Damasco. Su réplica fue: «Dejadles... mientras destruyen aldeas estamos tomando ciudades, cuando volvamos tendremos más  fuerzas para luchar con ellos».82​ Mientras en Alepo, el emir zénguida de la ciudad saqueaba ciudades fieles a Saladino como  Balis, Manbij, Saruj, Buzaa o al-Karzain. También destruyó su propia ciudadela en Azaz para evitar que los ayubís pudieran  usarla contra él.85​ Problemas en el mar Rojo  El 2 de marzo de 1182, en la tregua en su campaña siria, al-Adil escribió desde Egipto una carta a Saladino informándole de  que los cruzados habían atacado «el corazón del islam». Reinaldo de Chatillon, un polémico y violento señor fronterizo había  enviado barcos desde el golfo de Aqaba a saquear la costa del mar Rojo. Eilat fue de nuevo ocupada aunque la la guarnición de  la isla del Faraón se sostuvo. No se trataba de un intento de conquista, sino de mera piratería.86​ Imad al-Din escribe que el  ataque alarmó a los musulmanes, que no estaban acostumbrados a tales ataques en un mar que controlaban al completo e Ibn  al-Athir añade que los habitantes no tenían experiencia alguna con los cruzados, ni como enemigos ni como mercaderes.87​  De acuerdo a testimonios de los que da cuenta Ibn Yubair, dieciséis barcos musulmanes fueron quemados por los cruzados,  que capturaron un buque con peregrinos en Aidab. También narra que planeaban atacar Medina y llevarse el cuerpo del profeta  Mahoma. Al-Maqrizi escribe que querían llevárselo a territorio cristiano para forzar a los musulmanes a peregrinar allí.  Afortunadamente para Saladino, al-Adil había llevado su flota desde Fustat y Alejandría al mar Rojo bajo el mando de un  mercenario armenio llamado Lu'lu. Rompieron el bloqueo cruzado, destruyendo la mayoría de sus barcos y persiguieron a los  que echaron el ancla y huyeron al desierto.88​ Los supervivientes, 170 en total, fueron ejecutados siguiendo órdenes de  Saladino en varias ciudades musulmanas.89​ Lucha por Mosul  A medida que Saladino se acercaba a Mosul, se enfrentó al problema de tomar una gran ciudad y justificar la conquista.90​ Los  zénguidas de Mosul apelaron a an-Nasir, el califa abasí de Bagdad cuyo visir les era favorable. An-Nasir envió a Sheikh al-  Shuyukh (una figura de alto rango) para mediar. Saladino llegó ante los muros de la ciudad el 10 de noviembre de 1182. Izz al-  Din no aceptó sus términos que veía desproporcionados y Saladino en seguida puso sitio a la ciudad, muy fortificada.91​  Tras varias escaramuzas menores se llegó a un punto muerto, promovido por el califa. Saladino trató de retirarse sin sufrir  daños en su imagen y manteniendo presión sobre Izz al-Din. Decidió atacar Sinjar, defendida por el hermano de Izz al-Din,  Sharaf al-Din. La ciudad cayó tras un sitio de 15 días el 30 de diciembre.92​ Las fuerzas ayubís perdieron el orden, saqueando  la ciudad. Saladino solo logró proteger al gobernador y sus oficiales enviándolos a Mosul. Tras establecer una guarnición en la  ciudad, esperó la llegada de una coalición de Alepo, Mardin y Armenia.93​ Saladino los esperó con su ejército en Harrán en  febrero de 1183, pero ante su avance enviaron mensajeros a Saladino solicitando la paz. Cada ejército regresó a sus ciudades  y al-Fadil escribió «[a]vanzaron como hombres, se desvanecieron como mujeres» en referencia a las tropa de Izz al-Din.  Desde el punto de vista de Saladino la guerra marchaba bien. Había logrado conquistar amplios territorios, pero no había  logrado el objetivo de tomar la ciudad. Su ejército, sin embargo, se iba reduciendo; Taqi al-Din llevó a sus hombres de vuelta a  Hama mientras Nasir al-Din Muhammad y sus fuerzas se marcharon. Esto animó a Izz al-Din y sus aliados que retomaron la  ofensiva. La coalición se reunió en Harzam, al norte de Harran. A comienzos de abril, sin esperar a Nasir al-Din, Saladino y Taqi  al-Din avanzaron contra ellos, marchando al Este, a Ras al-Ein sin dificultades.94​ A finales de abril, tras tres días de «verdadera  lucha» según Saladino, los ayubís capturaron Amid (Diyarbakır). Entregó la ciudad a Nur al-Din Muhammad con sus provisiones  (80 000 velas, una torre llena de flechas y 1 040 000 libros). A cambio de la ciudad, este le juró obediencia y le prometió  seguirle en sus campañas así como restaurar la ciudad. La caída de Amid también convenció a Il-Ghazi de Mardin de pasarse  al lado de Saladino, debilitando más a Izz al-Din.95​ Otras poblaciones que se pasaron en 1182 al bando ayubí incluyen Maras.  Saladino intentó justificar ante el califa an-Nasir sus campañas contra Izz al-Din y le solicitó justificación legal para ocupar  Mosul. Saladino recordaba que mientras él había devuelto Egipto y Yemen a la autoridad del califato abasí, los zénguidas de  Mosul se apoyaban en los selyúcidas, rivales del califato y solo acudían a an-Nasir cuando le necesitaban. También  responsabilizaba a Izz al-Din de evitar la «guerra santa» contra los cruzados, afirmando que «no sólo no luchan ellos, sino que  previenen que lo hagan los que pueden». Justificó su conquista de Siria por la lucha contra los cristianos y la herejía asesina.  Prometió que si Mosul le era entregado, tomaría para el islam Jerusalén, Constantinopla, Georgia y el Imperio almohade (que  tampoco reconocía al califa de Bagdad) hasta que «la palabra de Dios sea suprema y el califato abasí haya limpiado el mundo,  convirtiendo iglesias en mezquitas». Decía que esto ocurriría por la voluntad de Dios y que a cambio del apoyo del califato le  entregaría Tikrit, Daquq, Juzestán, Kish y Omán.96​  Sumisión de Alepo  Saladino dirigió entonces su atención hacia Alepo. Envió a su hermano Taj al-Mulk Buri a tomar Tell Jalid, a 130 km al norte de  la ciudad. Aunque se llegó a iniciar un asedio, el gobernador se rindió ante la llegada de Saladino el 17 de mayo de 1183, sin  lucha. Según Imad al-Din, tras esta toma marchó sobre Ain Tab, que fue ocupado por sus ejércitos antes de dirigirse a Alepo. El  21 de mayo acampaba frente a sus muros, al este de la Ciudadela de Alepo mientras sus fuerzas rodeaban los arrabales de  Banaquso al norte y Bab Janan el Oeste. Sus tropas, que esperaban un éxito fácil, se aproximaron temerariamente a las  murallas.97​ Zangi no ofreció una larga resistencia. Era poco popular y personalmente ansiaba regresar a sus antiguos dominios en  Mesopotamia. Se negoció un acuerdo por el que entregaba Alepo a Saladino a cambio de volver a Sinjar como vasallo y  gobernador de Saladino. Su administración llegaría hasta Nusaybin y Raqqa y debería prestar vasallaje y participar en el  ejército de Saladino. El 12 de junio de 1183 la ciudad fue formalmente entregada a los ayubís.98​ La gente de Alepo, que  desconocía de estos manejos, fue sorprendida por el alzamiento del estandarte de Saladino en la ciudadela. Dos emires,  incluyendo al amigo personal de Saladino, Izz al-Din Jurduk, le dieron la bienvenida y le ofrecieron su lealtad. Pese a sus  promesas de no interferir en el gobierno religioso de la ciudad, sustituyó a los jueces Hanafí. Saladino permitió a Zangi partir  con todas las provisiones de la ciudadela que pudiera llevar y vender el resto, que Saladino compró.99​  A pesar de sus reticencias iniciales al intercambio, Saladino no tenía dudas de que «Alepo era la llave de esas tierras [puesto  que] esta ciudad es el ojo de Siria y su ciudadela su pupila».100​ Para Saladino la captura de la ciudad marcaba el fin de ocho  años de espera desde que dijo a Farruj-Shah "Solo tenemos que ordeñar y Alepo será nuestra". Desde su nueva plaza fuerte,  podía ahora amenazar la costa cruzada por completo.101​  Tras pasar una noche en la ciudadela de Alepo, Saladino marchó sobre Harem, una fortaleza en las inmediaciones del  Principado de Antioquía, en manos de Surhak, un mameluco menor. Saladino le ofreció la ciudad de Bosra y propiedades en  Damasco a cambio de la fortaleza, pero Surhak exigió más, siendo depuesto por su propia guarnición.101​ Fue entonces  arrestado por el delegado de Saladino, Taqi al-Din, bajo la acusación de planear ceder Harim a Bohemundo III de Antioquía.  Cuando Saladino recibió su rendición, procedió a organizar la defensa de Harim frente a los cruzados. Informó a sus emires en  Yemen y Baalbek que iba a atacar Armenia, pero que antes debía solventar detalles administrativos. Saladino acordó una  tregua con Bohemundo a cambio de rehenes musulmanes y cedió Azaz a Alam ad-Din Suleiman y Alepo a Saif al-Din al-Yazkuj,  respectivamente un emir de Alepo que se había pasado a su bando y un mameluco de Shirkuh que le salvó del intento de  asesinato en Azaz.102​ Contra los cruzados  El 29 de septiembre, Saladino cruzó el río Jordán para atacar Baisan, que encontró vacía. El día siguiente saqueó y quemó la  ciudad y se movió al Oeste. Interceptó refuerzos cruzados procedentes de Kerak y Shaubak en el camino hacia Nablús y tomó  prisioneros. Mientras, la principal fuerza cruzada dirigida por Guido de Lusignan dejó Séforis en dirección a Afula. Saladino  envió 500 escaramuzadores para hostigarlos y marchó contra Ain Jalut. Cuando la fuerza cruzada, la mayor producida por el  reino sin ayuda externa pero todavía inferior al ejército de Saladino, avanzó, los ayubís abandonaron Ain Jalut. Tras algunas  incursiones musulmanas, en Zir'in, Forbelet y Monte Tabor, los cruzados todavía no se aventuraron a atacar el cuerpo principal  del ejército enemigo, y Saladino se retiró una vez que sus tropas comenzaron a desaprovisionarse.102​  Los contraataques cruzados provocaron ulteriores asaltos de Saladino, particularmente ante el hostigamiento de Reinaldo de  Chatillon que continuaba acosando las caravanas entre Siria y Egipto y fanfarroneando sobre nuevos ataques a La Meca.  Saladino sitiaría por dos veces su fortaleza del Kerak (sitio del Kerak en 1183), base de Reinaldo en Transjordania, a lo que  este replicaría saqueando caravanas de peregrinos en el hajj. Finalmente, la intervención del pragmático Conde de Trípoli,  Raimundo llevó a un acuerdo con una tregua por cuatro años.  Tras el fracaso de sus sitios en el Kerak, Saladino devolvió momentáneamente su interés a su proyecto mesopotámico,  reanudando sus ataques contra Mosul. Sin embargo Masud se había aliado ahora con el gobernante persa de Azerbaiyán y  Jibal, que en 1185 replicó con contraataques a través de los Montes Zagros, haciendo titubear a Saladino. La defensa de  Mosul, esperanzada con la idea de apoyo, se enquistó. Saladino cayó enfermo y en marzo de 1186 aceptó un tratado de paz  con Mosul, que probablemente reconocía la autonomía de Mosul a cambio del reconocimiento de las conquistas de Saladino y  de apoyo mutuo contra los cruzados.103​ Saladino se movería en los días siguientes en la zona, aprovechando las posibilidades  que se presentaban para tomar posiciones contra los persas o los selyúcidas del Sultanato de Rüm como Khilar y  Mayafarekin104​ antes de retomar su lucha con Jerusalén.  La Guerra Santa  El comienzo y la batalla de Hattin  Saladino y Guy de Lusignan después de la batalla de Hattin  Saladino y Guy de Lusignan después de la batalla de Hattin, obra de Jan Lievens en 1625.  La batalla de Hattin  Artículo principal: Batalla de los Cuernos de Hattin  La guerra que acabaría con los cristianos de ultramar fue provocada por Reinaldo de Châtillon, noble que ha llegado hasta  nuestros días con la imagen de señor de tierras en la frontera y famoso por practicar el bandidaje y el saqueo. Había ya violado  treguas anteriormente para atacar caravanas, capturado peregrinos en dirección a La Meca, tratado de profanar los lugares  santos musulmanes y saqueado la isla cristiana de Chipre, amén de ser frecuente protagonista de las intrigas por el poder en la  corte de Jerusalén. Los cronistas modernos suelen presentarlo como un extremista que forzó la guerra aun cuando no tenía  forma posible de ganarla. Sin embargo, había sido uno de los pocos que habían causado serios problemas a Saladino: al  atacarle en su propia tierra poniendo en peligro los lugares santos musulmanes, dañó su imagen de Sultán y líder moral de los  musulmanes, resistió el asedio de Saladino en la fortaleza del Krak de los Caballeros y era veterano de la batalla de  Montgisard, la última gran victoria cruzada en Tierra Santa y de Le Forbelet, un empate contra Saladino tras la batalla de Afula.  Reinaldo atacó en 1186, contraviniendo la tregua pactada, una gran caravana musulmana en la que se llegó a decir que viajaba  la misma hermana de Saladino, cosa incierta. Ante las previsibles represalias del entonces principal líder de los musulmanes, el  rey consorte de Jerusalén Guido de Lusignan realizó levas reuniendo a todas las fuerzas del reino, con las que se dirigió contra  Saladino, que contó con la ayuda de la ambigüedad de Raimundo III de Trípoli, miembro de una facción cortesana opuesta a  Reinaldo, que inicialmente no se opuso a la marcha de Saladino por sus tierras del Principado de Galilea lo que le garantizó  que sus fortalezas no fueran atacadas. Sin embargo, terminó uniéndose al ejército real que Reinaldo lideró contra la marcha de  Saladino en Galilea. El enfrentamiento final se produjo en 1187, junto a unas colinas llamadas los Cuernos de Hattin. En la  batalla los ataques de la caballería ligera y los arqueros sarracenos hicieron que el ejército cruzado se retrasara en su idea de  llegar al lago Tiberíades y hubo de acampar en la llanura de Maskana. Finalmente sedientos y sin fuerzas, fueron derrotados  por Saladino.  La victoria fue total para Saladino: había destruido casi la totalidad de las fuerzas enemigas, había capturado a los principales  caudillos (el rey Guido de Lusignan, Reinaldo de Châtillon, el gran maestre de la Orden del Temple, Gérard de Ridefort...), había  capturado o eliminado a la mayoría de los caballeros de las órdenes religiosas (incluyendo a Roger de Moulins, gran maestre  del Hospital) y había arrebatado a los cristianos la Vera Cruz, su más preciada reliquia.  Solo unos pocos barones pudieron escapar y encabezar una cierta resistencia a Saladino. El conde Raimundo III de Trípoli, que  comandaba la vanguardia pudo escapar de la captura al abrir el cerco los musulmanes y sorpresivamente no importunarle en  su carga. No volvió grupas para ayudar al resto del ejército cristiano. Joscelino III de Edesa, Balián de Ibelín y Reinaldo de  Sidón, que comandaban la retaguardia, pudieron romper la defensa musulmana y escapar igualmente.  Los prisioneros ilustres fueron bien tratados, de hecho se cuenta la anécdota de como Saladino ofreció una copa de nieve al rey  de Jerusalén, sediento por la travesía en el desierto. La única excepción fue Reinaldo que fue ejecutado por el mismo Saladino,  según se cuenta, cuando trató de coger la copa que había dado a Guido de Lusignan como muestra de hospitalidad, ya que  Saladino había prometido matarlo con sus propias manos por la crueldad que había mostrado en contra, incluso, de civiles  indefensos y a pesar de la tregua pactada.105​ La costumbre en la región era dar merced al enemigo una vez se hubiera comido  y bebido con él y Saladino no quería que la hospitalidad que ofrecía al rey se extendiera a Reinaldo.  No es el deseo de reyes matar reyes, pero ese hombre había trasgredido todas las fronteras, y por eso le traté así  Saladino106​ La conquista de Jerusalén  Los cristianos de la ciudad santa desfilando delante de Saladino  Tras su victoria en Hattin, Saladino ocupó el norte del Reino de Jerusalén, conquistando Galilea y Samaria sin demasiada  dificultad aprovechándose tanto de la falta de un ejército cristiano con casi todas las fuerzas militares cristianas eliminadas o  capturadas en Hattin y la confusión y falta de un mando organizado con el rey, los principales gobernantes y los maestres de las  órdenes religiosas prisioneros. Tiberíades, capital del principado de la mujer de Raimundo de Trípoli fue finalmente asediada y  tomada. Saladino marchó contra la costa, reduciendo la defensa de Acre y tomando el próspero puerto costero. La vecina Arsuf  cayó junto con ella. Nazaret, Séforis, Cesarea, Haifa fueron tomadas una tras otra. La llegada de la flota de Egipto, que barrió la  armada cruzada, redujo aún más las posibilidades de una defensa exitosa por parte cristiana. Posteriormente, se dirigió a la  costa tomando uno tras otro los puertos. Así cayeron Sidón, Beirut, Biblos, Torón y las tierras de la frontera del Condado de  Trípoli con el Reino de Jerusalén. La única excepción fue Tiro, plaza situada en un cabo de fácil defensa que comandada por el  Marqués Conrado de Montferrato, noble llegado de visita a unos parientes y que mostró un gran liderazgo, ofreció una  resistencia ordenada. Saladino dejó frente a Tiro a un ejército y marchó hacia el sur con el objetivo de conquistar Ascalón, plaza  vital para la defensa de Egipto, a pesar de que sus emires le instaban a tomar Jerusalén. Saladino liberó al gran maestre del  Temple, Gérard de Ridefort, a cambio de las fortalezas templarias de Gaza, Darum y sus últimos baluartes en Samaria y al rey  Guido de Lusignan a cambio de Ascalón, que, sin embargo, se negó a rendirse. A pesar de todo, fue tomada poco después por  Saladino, junto a Ramla e Ibelín (en árabe, Yubna).  Una vez aseguradas las comunicaciones con Egipto puso sitio a Jerusalén. En aquel momento, Balián de Ibelín, miembro de  una de las principales familias nobles, pidió a Saladino, poder ir de Tiro, donde estaba luchando, a Jerusalén, para sacar de ahí  a su mujer e hijos a cambio de no colaborar en la defensa de esta ciudad. Sin embargo, fue reconocido, y se le pidió que  comandara la resistencia de la ciudad por lo que mandó a Saladino un mensaje pidiéndole que le eximiera de cumplir su  palabra de no luchar contra él, a lo que Saladino accedió.  Inicialmente se rechazó toda propuesta de capitulación, pues ningún cristiano quería ceder la ciudad, que consideraban santa al  igual que los musulmanes. Saladino se decidió, pues, a tomarla por la fuerza. En octubre de 1187 la situación de los defensores  era ya desesperada, y Balián trató de negociar la rendición. Saladino se negó pues había jurado tomar la ciudad por la fuerza al  rechazarse sus ofrecimientos iniciales y ya no tenía razón para ceder en nada (se cuenta que mientras Balián explicaba sus  condiciones de repente un estandarte sarraceno se izó en un baluarte, muestra de que las tropas de Saladino ya habían  entrado). Sin embargo, cuando Balián amenazó con destruir completamente la ciudad antes que entregarla sin condiciones,  Saladino consultó con sus emires y decidió acceder a las negociaciones que incluían perdonar la vida a todos los habitantes a  cambio de la rendición, aunque estos exigieron que pagaran un impuesto por cabeza.  Una vez en posesión de la ciudad entregó los lugares sagrados cristianos a sacerdotes ortodoxos. Aunque convirtió las iglesias  en mezquitas, tomó medidas para evitar que sus soldados exaltaran los ánimos cristianos. Balián y el patriarca Heraclio  pagaron la compra de casi diez mil pobres y muchos que no pudieron pagar el impuesto para salir de Jerusalén aún tuvieron  una relativa suerte: el hermano de Saladino, Saif ed-Din (Al-Adil), pagó por un buen número de ellos, como limosna a Alá por la  victoria. No fue el único, siendo seguido por varios miembros de la corte. El mismo Saladino, en un acto de generosidad,  perdonó a todos los ancianos de la ciudad. El 2 de octubre de 1187, entró a la mezquita de Al-Aqsa, el tercer lugar sagrado para  los musulmanes después de La Meca y Medina.  De vuelta a la costa, se enfrentó a la obstinada resistencia de Tiro, que tras la sorpresa inicial era casi inexpugnable. Contaba  además con el apoyo desde ultramar de las flotas italianas y sicilianas. Algunas crónicas, generalmente contrarias a Conrado,  afirman que Saladino llevó prisionero al padre de Conrado, Guillermo V de Montferrato, que había sido apresado en Hattin.  Ofreció liberar a Guillermo a cambio de su rendición, pero su anciano padre le animó a resistir. Supuestamente Saladino  exclamó: «¡Este hombre es un pagano y muy cruel!» y terminó liberándolo para que volviera con su hijo. Más suerte tuvo con la  toma de Tartus, Giblé y Latakia, puertos que cayeron a pesar del apoyo del Reino de Sicilia. Tomó también Sahyun, fortaleza  hospitalaria en una montaña cercana y avanzó tomando Sarminiyah el 11 de agosto tras un breve sitio107​ y la provincia de la  ribera del Orontes. Llegó así a la frontera del Principado de Antioquía, al que arrebató Barzouyeh y cuya capital asedió antes de  pactar una tregua.  Kerak, Safed, Belvoir, Kabouab y Chaubac (Montreal), fortalezas de Transjordania fueron sometidas a largos asedios y tras  enconadas resistencias de las órdenes militares que las defendían, sometidas hacia 1189. También cayó Beaufort, junto a  Trípoli.  La Tercera cruzada  La guarnición de élite de los ejércitos de Saladino durante el asedio de Acre  Ricardo Corazón de León y Saladino  Artículo principal: Tercera Cruzada  Las consecuencias de la caída de Jerusalén no se hicieron esperar: el papa Urbano III convocó una nueva cruzada, la tercera,  a la que acudieron los principales reyes cristianos. Se organizaron dos expediciones cristianas a esta llamada.  La primera de ellas, liderada por el emperador del Sacro Imperio, Federico I Barbarroja atravesó a pie los Balcanes y Anatolia,  donde, para suerte de los musulmanes, murió ahogado al cruzar un río. Sin él, su ejército se disgregó, desapareciendo  providencialmente la mayor amenaza para Saladino.  La otra, liderada por Felipe Augusto de Francia, Ricardo Corazón de León de Inglaterra y el duque Leopoldo de Austria, marchó  por mar. Tras desembarcar en marzo de 1191, pusieron sitio a San Juan de Acre, que Saladino trató de socorrer. Sin embargo  no logró romper el sitio, recobrando los cristianos la ciudad. Afortunadamente para Saladino, los cruzados pronto discutirían  entre sí. El rey de Francia abandonó la cruzada después de que el orgulloso Ricardo se quedara con el mejor palacio y no lo  tratara como igual, y el duque de Austria tras ver ofendido su estandarte por Ricardo, que lo arrojó de un baluarte.  Saladino emprendió entonces una intensa actividad diplomática para liberar a los cautivos que habían hecho los cristianos. Sin  embargo, cuando tras arduas negociaciones se había llegado a un acuerdo, Ricardo los hizo ejecutar ante las continuas  postergaciones del pago por Saladino. En dicho acuerdo se estipulaba que Saladino entregaría la Vera Cruz a cambio de los  3.000 musulmanes que Ricardo mantenía en una celda como rehenes. Pero este creyó un gasto innecesario mantener a esos  prisioneros. El acto fue un golpe para el prestigio de Saladino, que no pudo salvar a los que habían resistido en la ciudad.  El rey inglés se distinguió a lo largo de ese año en combate, venciendo en Arsuf a Sal 
Estatua en Damasco