Soberana Orden Militar Española de los  Caballeros Templarios
Empleo del Tiempo de un Caballeros Templario del siglo XI Además   de   las   ocupaciones   a   nivel   civil   que   cada   templario   tiene   que   acometer   y   repartirse   siguiendo   las   órdenes   de   su   comendador   y de   las   de   tema   de   su   servicio   militar,   los   templarios   son   principalmente   monjes   y   como   tal   tiene    o bligaciones,   las   cuales   se   dividen   en horas canónicas. Según la regla de los templarios se reitera y se destaca la primacía absoluta de la religión, sobre los demás aspectos de la vida. Según   esta   regla:   “Todo   hermano   del   Temple   debe   saber   que   no   hay   nada   a   lo   que   esté   tan   obligado   como   a   servir   a   Dios,   y   en   ello debe   poner   toda   su   aplicación   y   su   entendimiento,   especialmente   en   oír   el   santo   servicio;   porque   nadie   debe   faltar   ni   hurtarse   a   ello   en tanto   que   pudiere.   Porque,   como   dice   nuestra   regla,   si   amamos   a   Dios,   debemos   escuchar   y   comprender   en   agrado   sus   santas palabras” La   primera   obligación   que   tiene   todo   templario   es   la   de   conservar   con   sumo   esmero   la   capilla   templaría   y   comportarse   dignamente cada   vez   que   se   encuentre   en   ella.   Debiendo   vestir   adecuadamente   no   pudiendo   vestir   descuidadamente   o   con   escasa   ropa   ya   que   esto está totalmente prohibido. Cuando se canten las horas, hay que presentarse con el manto anudado al cuello o cerrado por el broche. Cuando   se   llame   a   maitines,   a   las   cuatro   de   la   madrugada   en   invierno   y   a   las   dos   en   verano,   el   templario   se   levanta   se   viste   y   se dirige   a   la   capilla.   Puede   permanecer   en   ropa   de   dormir   (camisa,   calzón   y   pequeño   cinturón)   pero   debe   tener   sus   calzas   y   sus   zapatos puestos y sobre todo el manto anudado. Ningún   hermano   templario   puede   excusarse   de   acudir   a   maitines,   salvo   ocupación   de   causa   mayor   o   enfermedad   y   con   autorización   del comendador.   En   la   capilla,   los   hermanos   oyen   cantar   maitines   en   silencio.   Deben   rezar   o   escuchar   trece   pater   noster,   aunque   se recomienda que se recen trece por Nuestra Señora y otros trece más por el santo de ese día. Cuando   salgan   de   la   capilla   después   de   los   maitines   deben   ir   a   las   cuadras   para   ver   a   los   caballos   y   dar   las   órdenes   pertinentes   a   los escuderos,   no   se   les   puede   reprender,   solo   hablarles   tranquilamente.   A   continuación   pueden   volverse   a   acostar,   pero   antes   de   dormirse deben  haber rezado un pater noster  para que Dios les perdone cualquier falta menor que hubiese cometido o roto la regla de silencio. Cuando   suena   la   campana   de   primas,   se   viste,   se   calza   y   se   dirige   a   la   capilla   lo   más   rápidamente   posible.   Es   el   momento   en   que   se celebra misa, que debe oírse devotamente y en toda su extensión. Si   se   celebraran   dos   misas   durante   la   mañana,   se   aconseja   a   los   hermanos   que   las   sigan,   lo   que   no   les   dispensará,   sin   embargo,   de escuchar   las   horas   tercias   y   de   mediodía.   En   cualquier   caso,   está   terminantemente   prohibido   ingerir   cualquier   alimento,   sea   éste   el que fuere, antes de haber rezado los sesenta pater noster obligatorios: treinta por los muertos y treinta por los vivos. Antes   de   la   comida   en   común   se   da   la   bendición   y   se   reza   un   padrenuestro,   se   deben   dan   las   gracias   en   la   capilla   al   salir   del   refectorio o comedor, luego se oyen las vísperas y las horas nona y completas. Cada   una   de   las   horas   se   acompaña   de   trece   o   de   dieciocho   pater   noster;   los   que   se   dedican   a   la   Virgen   se   rezan   o   se   escuchan   de   pie,   y sentados aquellos que se dediquen al santo del día. Las plegarias por Nuestra Señora inician y concluyen la jornada de todo caballero templario Las   misas   y   las   oraciones   están   jalonadas   de   genuflexiones   por   un   espíritu   de   penitencia,   s alvo   en   Vísperas   y   en   la   vigilia de la Epifanía; evidentemente los hermanos viejos o enfermos están dispensados de este acto. Éstas   son   las   disposiciones   ordinarias   que   regían   la   vida   religiosa   de   los   hermanos.   Aunque   algunos   días   concretos,   coincidiendo   con alguna celebración se acompañan, de algunas obligaciones especiales. El   primer   miércoles   de   Cuaresma,   cuando   el   capellán   comienza   la   letanía   que   sucede   a   los   siete   salmos   de   la   penitencia,   los caballeros templarios se arrodillan sobre su manto El miércoles de Ceniza, el capellán les echa ceniza en la cabeza El   Jueves   Santo,   el   limosnero   debe   preparar   a   trece   pobres   a   quienes   los   hermanos   están   obligados   a   lavar   los   pies   (con   agua caliente),   después   de   besarlos.   Después   de   esta   ceremonia,   que   se   desarrolla   en   presencia   del   capellán   con   sobrepelliz   y llevando la cruz, el comendador da a cada uno de los pobres dos panes, dos denarios y un par de zapatos nuevos. El   día   de   Viernes   Santo   los   hermanos   adoran   la   cruz   con   gran   devoción   y   con   los   pies   desnudos,   ayunan   a   pan   y   agua   y   comen en una mesa sin mantel. Los ayunos son obligatorios todos los viernes desde el día de Todos los Santos hasta Pascua, salvo el viernes de Navidad. Hay   procesión   el   día   de   Navidad,   el   de   la   Anunciación,   el   de   la   Purificación   de   la   Virgen,   el   domingo   de   darnos,   el   día   de   Pascua,   el de   la   Ascensión,   el   de   Pentecostés,   el   de   la   Asunción   y   el   de   la   Natividad   de   Nuestra   Señora,   el   de   Todos   los   Santos   y   también   el del santo a quien esté dedicada la capilla de la encomienda. El ajuar del caballero Templario El   hermano   pañero   era   el   encargado   de   velar   de   las   ropas   de   los   caballeros,   de   que   fueran   las   adecuadas.   Le   correspondía   vigilar escrupulosamente para que no fueran ni demasiado cortas ni demasiado largas, sino a la medida justa de quienes debían llevarlas Los   templarios   al   entrar   en   la   orden,   recibían   dos   ajuares   completos   el   de   paz   y   el   de   guerra.   Del   cual   a   partir   de   este   momento   eran responsables, no pudiendo dar ni regalar ninguna parte de este a nadie. Este ajuar de paz se componía de: 2 camisas, 2 pares de calzas de burel, 2 bragas o calzones, 1 sayón, 1 pelliza, 1 capa, 2 mantos (uno de ellos de invierno forrado de oveja o de carnero y otro de verano de un tejido más ligero), 1 túnica 1 ancho cinturón de cuero 1 bonete de algodón y otro de fieltro. 1 sayón o 1 capa 1 túnica 2 paños y una servilleta para la mesa 1 toalla para el aseo personal. La   ropa   de   cama   comprendía:   un   jergón,   dos   sábanas,   una   estameña   o   manta   ligera   y   una   manta   gruesa   (para   las   épocas   frías). Esta manta debía ser blanca o negra, o a rayas blancas y negras, que eran los colores del Temple. El ajuar militar comprendía: 1 loriga o cota de malla 1 par de calzas de hierro 1 casco de hierro 1 yelmo zapatos 1 cota de armas. La loriga iba colocada sobre un enrejado también de malla de hierro. Unos zapatos de armas completaban el equipo. El   armamento   consistía   en   una   espada   (recta,   de   doble   filo   y   con   punta   redondeada),   una   lanza   (de   madera   de   fresno   y   punta   de hierro   cónica),   un   escudo   (triangular,   de   madera   metalizada   por   dentro   y   recubierta   de   cuero   por   fuera,   y   que   en   algunos   casos iba reforzado con laminillas claveteadas). El   nuevo   caballero   recibía   también   tres   cuchillos:   un   cuchillo   de   armas   (o   puñal),   un   cuchillo   para   cortar   el   pan   y   la   carne   y   una especie de navaja (de hoja recta). También se le daba una gualdrapa para su caballo, pero podía cubrirlo con la manta. La   cruz   del   Temple   iba   cosida   en   los   mantos,   túnicas   y   cotas   de   malla   (en   éstas   por   delante   y   por   detrás)   y   que   debía   ir   bordada   en todas las piezas de lencería. Los   hermanos   sargentos   llevaban   túnicas,   cotas   y.   mantos   negros   con   una   cruz   roja.   Su   armamento   era   el   mismo,   salvo   que   muchas veces   su   loriga   era   de   malla   más   ligera   y   estaba   desprovista   de   mangas,   y   sus   calzas   de   hierro   no   tenían   empeine   para   facilitar   la marcha. Por   último,   se   daba   a   los   caballeros,   con   independencia   de   los   jaeces   para   los   tres   caballos   a   los   que   tenían   derecho,   un   pequeño equipo   de   campaña   que   se   componía   de   un   caldero,   un   cuenco   para   medir   la   cebada   y   tres   pares   de   alforjas,   dos   de   las   cuales   tenían   que llevarlas sus escuderos. Como   ya   hemos   dicho,   todo   esto   no   se   le   da   realmente   al   caballero,   sino   que   se   le   presta.   Es   responsable   de   ello.   No   puede   disponer de ello a su antojo ni sustraer nada sin riesgo de incurrir en castigo. La   regla   enumeraba   lo   que,   en   rigor,   puede   dar:   una   garnacha   (un   vestido)   que   habrá   llevado   al   menos   durante   un   año,   una   cota   de malla   gastada,   una   faldeta   usada,   camisa   y   bragas   viejas,   polainas   viejas   o   incluso   una   linterna   de   su   fabricación,   un   pedazo   de   cuero. Estos   regalos   no   estaban   destinados   a   cualquiera.   Eran   para   los   escuderos,   que   no   pertenecían   al   Temple,   sino   que   servían   a   plazo fijo.   Cuando   un   escudero   dejaba   el   servicio   de   un   caballero,   éste,   si   había   quedado   satisfecho   de   él   tenía   derecho   a   regalarle   la garnacha que él había llevado desde ha cía dos años. Para   terminar   con   el   equipamiento   del   caballero,   tenemos   que   añadir   que   tenía   que   velar   continuamente por   su   perfecta   conservación.   No   podía   modificarlo   en   nada:   ni   siquiera   cortar   las   correas   de   los   estribos, ni   su   cinturón,   ni   el   tahalí   que   sujetaba   su   espada,   ni   el   cordón   que   sostenía   los   calzones   en   torno   a   su cintura, sin permiso de su comendador Pañero Mayor o Vestiario Era el encargado de la uniformidad de los caballeros, escuderos y sirvientes. Su   misión   en   la   Orden   era   la   de   regir   el   almacén   de   vestimenta,   teniendo   bajo   control   en   todo   momento   las   ropas   que   les   eran entregadas a los hermanos, ya fuesen las de vestir como las sábanas, toallas, etc. Estaba   encargado   también   de   mantener   un   control   sobre   la   higiene   de   los   hermanos,   sobre   todo   en   lo   referente   a   tener   el   pelo   corto   y la barba limpia, además de que no vistieran ropas no permitidas por la Orden. El   pañero   de   la   orden   debería   tener   cuatro   caballos,   dos   escuderos   y   un   hombre   encargado   de   las   bestias   de   carga;   un   pabellón   como   el del   mariscal;   una   tienda   para   sus   escuderos   y   otra   para   sus   sastres,   y   las   bestias   de   carga   deberían   transportar   su   equipo   para   coser y también su pabellón.  También realizaba las tareas de secretario y escribiente.  Asistía a las ceremonias de iniciación. La vida diaria en una encomienda templaria. La   figura   de   la   encomienda   era   gobernada   por   el   comendador,   que   cumplía   la   doble   función   de   administrador   y   de   jefe   de   la   comunidad religiosa. Este último cargo era bastante más riguroso, pues entre sus funciones estaba la de velar por el cumplimiento del retrais. La   regla   templaria   está   ajustada   a   las   condiciones   de   la   vida   de   un   monje   guerrero   (bueno…   Para   entendernos.   Reivindiquemos   la figura   de   FREIRE),   lo   que   implica   que   debe   evitar   toda   práctica   ascética   que   pueda   dañar   su   salud.   De   hecho,   el   templario   tiene derecho   a   cierta   comodidad:   tiene   ropa   adaptada   tanto   para   el   calor   como   para   el   frío   (artículo   20),   tiene   ropa   de   cama   (artículo   21)   e, incluso,   la   regla   recomienda   a   los   hermanos   que   permanezcan   sentados   durante   los   oficios   (artículos   15   y   16).   Pero   no   acaba   aquí   la cosa,   sino   que   hay   enormes   diferencias   con   el   comportamiento   monacal   “tradicional”   en   lo   tocante   a   la   alimentación:   El   templario   hace dos   comidas   diarias   -a   excepción   de   los   periodos   de   ayuno,   que   es   sólo   una-,   pero   por   autorización   del   maestre   o   del   comendador correspondiente   se   puede   autorizar   una   tercera   comida…   Y   el   templario   come   carne   tres   veces   a   la   semana   (artículo   26).   Mas   no acaba   aquí   la   cosa:   Varias   veces   se   ofrecen   dos   o   más   clases   de   comidas   -si   los   recursos   de   la   encomienda   lo   permiten-,   con   objeto   que si no pueden comer de una, coman de otra (artículo 185). Las   comidas   transcurren   en   silencio,   mas   con   reservas:   el   templario   no   conoce   los   signos   que   usa   un   cluniacense   para   pedir   cosas   en la mesa, así que se le permite hablar con discreción para no molestar al lector que lee pasajes bíblicos. Vamos   con   las   obligaciones   menos   populares:   el   templario   no   debe   permanecer   ocioso.   Cuando   el   comendador   no   le   ordene   algo,   debe ocuparse   de   su   bagaje,   caballo   y   armamento,   ordenando   las   reparaciones   precisas   en   caso   necesario   (artículo   285).   En   cuanto   al entrenamiento   para   el   combate,   el   templario   no   podía   servirse   de   justas   y   cacerías   -las   tiene   prohibidas-,   se   servía   de   maniobras   “in situ”,   entrenamiento   con   combate   simulado   hermano   vs   hermano,   de   los   desplazamientos   entre   encomiendas   y   de   concursos   internos   y apuestas de tiro de arco y ballesta donde se premiaba al vencedor con objetos sin valor añadido (artículo 317). Los   servicios   religiosos   son   una   parte   importante   de   la   vida   cotidiana   de   un   templario.   La   regla   considera   el   caso   de   que   los   freires no   puedan   celebrar   sus   oficios   porque   sus   deberes   militares   se   lo   impiden,   incluso   permite   agrupar   los   oficios   de   prima,   tercia   y   sexta en   uno   solo   (artículo   10)   e,   incluso,   sustituir   los   oficios   por   oraciones   en   casos   particulares.   no   obstante,   excluyendo   estos   casos   de fuerza   mayor,   han   de   regirse   como   religiosos   en   todos   los   sentidos,   con   sus   oficios   religiosos   y   oraciones   “de   oficio”.   Este comportamiento, al igual que el combate, permitía crear un espíritu de cuerpo. El   servicio   divino   estaba   asegurado   por   un   capellán   miembro   del   Temple,   pero   ello   no   dispensaba   al   templario   de   recurrir   a   un sacerdote   externo   a   la   orden.   Pues   no   todas   las   encomiendas   disponían   de   un   hermano   capellán,   y   este   capellán   no   dispone   de   un poder   de   absolución   ilimitado:   No   puede   “juzgar”   a   un   templario   acusado   de   asesinar   a   un   cristiano   o   a   otro   acusado   de   simonía. Además,   un   templario   puede   acudir   al   sacerdote   que   prefiera   (eso   se   recuerda   expresamente   en   una   bula   pontificia   de   principios   del XIV, y durante el juicio hubo franciscanos que declararon haber recibido confesiones de templarios). Así   y   todo   hubo   abusos   en   ese   aspecto.   Se   sabe   que   maestres   y   comendadores   -no   ordenados-   absolvieron   a   veces   los   pecados   de   sus hermanos (cosa que no podían hacer). Más   cosas   de   la   vida   cotidiana   de   un   templario:   Tenía   el   deber   de   dar   limosna   y   practicar   la   caridad   y   la   hospitalidad.   Debían comportarse   como   “pobres   caballeros   de   Cristo”   -hacer   voto   de   pobreza   implica   también   ayudar   a   los   pobres-   .   Al   final   de   las   comidas, se   distribuían   los   restos   entre   los   más   desfavorecidos.   Las   casas   del   Temple   debían   acoger   a   los   huéspedes   de   paso   -carga especialmente   pesada   para   la   casa   de   Jerusalén-.   ¡OJO!   La   actividad   “hospitalaria”   de   las   casas   templarias   no   era   comparable   a   las del   Hospital   (no   llegaba   ni   a   la   décima   parte).   Tened   en   cuenta   que   la   caridad   y   la   hospitalidad   no   forman   parte   de   las   misiones   de   la orden, como sí de las del Hospital. Organización Territorial de los Templarios A nivel territorial la Orden estaba dividida en Prioratos, Bailías y Encomiendas. En   un   entorno   geográfico   próximo,   grupos   con   un   mínimo   de   nueve   eclesiásticos   (caristicarios)   de   los   que   al   menos   cinco   deberán   ser caballeros   constituyen   una   Encomienda.   Los   emperadores   y   patriarcas   les   encomendaban   los   monasterios   y   hospitales   arruinados,   a fin   de   que   lo   reedificasen   y   restableciesen.   En   esta   orden   uno   de   los   caballeros   por   sus   servicios   antigüedad   tomará   el   título   de comendador y será quien dirija la encomienda. Las   encomiendas   eran   unidades   de   gestión   autosuficientes   y   su   función   era   acumular   y   comercializar   los   excedentes   necesarios   para sufragar   los   gastos   de   la   Orden   en   Tierra   Santa.   Los   Templarios   demostraron   ser   excelentes   administradores   que   en   todo momento recurrieron a técnicas modernas para mejorar los rendimientos. Realizaban   también   remuneradoras   actividades   bancarias   basadas   en   su   formalidad   y   solvencia.   Muchos   fueron   los   particulares   que le   confiaron   la   custodia   de   grandes   cantidades   de   dinero   y   del   Papado   consiguieron   que   les   encargase   las   colectas   de   la   Cruzada. Entre sus actividades se especializaron en prestar dinero a reyes y señores en apuros a cuenta de la cobranza de impuestos La   Bailía,   también   llamada   bailiazgo,   se   refiere   a   la   comunidad   donde   se   encuentran   tres   o   más   encomiendas.   Estará   lidereada   por un Bailío o Baile que en algunos lugares será como un juez ordinario o alcaide de alguna villa o lugar. Por   último,   el   priorato,   que   consiste   en   un   establecimiento   monástico   que   está   bajo   la   dependencia   de   una   abadía   y   está   liderado   por un   prior.   Los   monjes   se   encargaban   de   gestionar   y   enviar   las   rentas   a   su   abadía.   A   su   vez,   los   prioratos   disponían   de   iglesias   que eran construidas y mantenidas por la Abadía Madre. Después   de   completado   el   trazado   urbano   y   erigida   la   iglesia,   las   casas   que   con   el   tiempo   integraron   los   alrededores,   sus   vecinos   y feligreses,   más   sus   heredades,   están   bajo   la   jurisdicción   del   prior   que   ponía   allí   la   Orden   para   que   sirviera   la   iglesia,   constituyendo un   priorato   o   encomienda   menor.   Si   un   priorato   alcanzaba   cierta   autonomía,   tanto   de   personal,   como   económico,   éste   podía   ser   elevado a   la   categoría   de   abadía.   La   iglesia   se   hacía   entonces   iglesia   abacial   y   en   lugar   de   un   prior,   la   comunidad   de   monjes   nombraba   un abad. Comendador de la Tierra de Jerusalén Eran una especie de gobernador con un Mariscal y un pañero bajo sus órdenes.    También   tenía   la   función   de   tesorero.   El   botín   de   guerra   debía   ir   a   sus   manos   para   ser   distribuido   y/o   utilizado   según   la   necesidad, excepto las armas, pertrechos y monturas del botín que iban a manos del Mariscal. Respondía al Maestre y a Capítulo General.    Tenía   un   séquito   de   dos   escuderos,   un   sargento,   un   indígena   turco,   un   diácono   que   supiese   escribir,   un   intérprete   y   dos   muchachos de a pie.  Él era el que se encargaba de dar la orden de cualquier pago, aunque siempre bajo el mandato del Maestre o del Capítulo.  También estaba a cargo de los navíos atracados en San Juan de Acre. El   Comendador   de   Jerusalén   contaba   con   diez   caballeros   para   protección   de   peregrinos   y   defensa   de   caminos,   además   de   contar   con   el privilegio de guardar la Vera Cruz (también durante el transcurso de las batallas).  La mayor de sus obligaciones era la de tener una cuenta actualizada del tesoro y presentarla al Maestre cuando la requiriese. Presidía la distribución de los hermanos templarios en los castillos y, en tiempos de paz, el Mariscal tenía que acatar sus decisiones. El   Comendador   Provincial   era   el   preceptor   de   las   distintas   provincias   en   las   que   se   dividía   el   Temple.   Igualmente   en   éstas administraba las donaciones, cuidaba de los hermanos a su cargo y enviaba la mayor cantidad de dinero posible a Tierra Santa. Los   Comendadores   Territoriales   se   encontraban   en   Acre   (Palestina)   y   Antioquia   (Siria)   y   de   ellos   dependían   los   castillos   de   cada región. Mariscal Era   el   comandante   militar,   responsable   del   adiestramiento   y   de   la   disciplina.   Ostentaba   el   máximo   mando   militar.   Era   el   jefe   militar que velaba por la disciplina interna de la hueste y el responsable del mantenimiento y adquisición del armamento y de los caballos. Gobernaba   también   las   armas,   armaduras,   máquinas   de   asedio,   municiones   y   las   guarniciones   de   los   caballos.   Él   distribuía   a   las milicias   y   daba   las   órdenes   tácticas.   Su   misión   también   era   la   de   comprobar   las   monturas   y   mulas   de   carga,   bajo   el   consentimiento del Maestre. Impartía las órdenes cada jornada, incluso en presencia de aquél. Podía   tomar   el   mando   en   la   batalla   por   ausencia   del   Maestre   o   del   Senescal   (así   como   celebrar   Capítulo   sin   estos   presentes),   y   es   el que porta el beaussant como señal de reunión y con la caballería hace de punta de lanza. Al igual que sus superiores poseía un séquito que constaba de dos escuderos, un sargento y un indígena turco. Los   mariscales   provinciales,   por   su   parte,   ejercían   la   autoridad   en   su   correspondiente   provincia,   si   bien   debían   obediencia   al   mariscal general de la Orden. Cuando   van   armados   “todos   los   hombres   de   la   Casa   están   a   las   órdenes   del   Mariscal”.   No   puede   ser   designado   Comendador   de   una Provincia a menos que haya sido relevado de las funciones de Mariscal.
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